18 dic. 2008

“LOS HOCILES” EN PERERUELA


Fuimos al paraje de Los Hociles en Pereruela de Sayago. Es este un lugar agreste y a la vez dulce, uno de esos sitios en los cuales la mirada se acostumbra a la magnitud de lo que le rodea, que son grandes rocas de granito que a causa de los desprendimientos cubren el lecho del arroyo.

Para llegar seguimos caminamos unos 2 kilómetros, entre encinas y matorral, en los últimos tramos por campo a través junto a la rivera de la cual bebían algunas vacas sayaguesas. La senda no tiene dificultad ninguna, siendo además bastante vistosa; más de repente... el agua se transforma en piedra, pues las rocas tapan totalmente el arroyo, sólo en algunos recovecos se puede escuchar el sonido de sus aguas al deslizarse por la piedra.

Los Hociles, que tienen una extensión longitudinal de algo menos de un kilómetro, pueden observarse desde los tesos que los bordean, no siendo muy dificil subir a ellos, con el aliciente añadido de gozar de unas vistas grandiosas; otra opción, (por la que también nos decidimos nosotros) es caminar por ellos, recorriendo el cañón, esto sí entraña dureza pues el trazado es muy irregular y resbaladizo obligando a prestar atención máxima en el paso (con el firme mojado o helado es peligrosísimo) sin embargo la experiencia es recomendable.
Hay rocas de varios metros de altura, entre ellas grietas algunas profundas (sobretodo en la parte superior) una de ellas es conocida por los lugareños como La chimenea del diablo, no estamos seguros de dar con ella, podría ser un agujero angosto y vertical, situado al final del encajonamiento, calculamos unos 3 o 4 metros de caída.

Retomamos el camino bordeando el barranco, buena idea para otro día volver a intentar asegurarnos cual es la chimenea. A lo lejos se divisa el teso de Bárate, lugar donde según cuenta la leyenda estaba situada la cueva de Viriato, el célebre pastor lusitano que mantuvo en jake al todopodero ejército romano. Más despidiéndonos de cuevas y guerrilleros vamos pensando en preparar la próxima excursión.

7 dic. 2008

DE RUTA POR CARBAJOSA


La tarde del domingo, fuimos a Carbajosa de Alba, con intención de descender al río Duero y disfrutar del paisaje de los arribanzos de la localidad.
La marcha tiene en total unos 5 kilómetros (ida y vuelta) de dificultad baja mediante un camino de tierra recientemente arreglado y en buenas condiciones, comodidad excepto en un tramo en ladera de unos 400 metros con una pendiente bastante pronunciada.

El paisaje, aun sin disgustar, no nos pareció tan atractivo como otros lugares de los Arribes del Duero. El río está encajonado en una larga recta entre el paredón rocoso, no existiendo arbolado del lado de Carbajosa aunque sí en la ribera opuesta (Moralina de Sayago) donde se ven bastantes encinas y carrascos; seguramente en primavera con las jaras y tomillos floridos sea bastante vistosa.

Abajo prácticamente a nivel de las aguas embalsadas del salto de Castro, está a nuestro parecer la gran atracción del paraje: mina Dorinda. Es una antigua explotación minera de estaño, en la actualidad su acceso permanece cerrado por una verja metálica; la galería excavada en la cuarcita termina abruptamente en una pared de escombro (nos dijeron que hace años se intentó entoñar la mina), la gruta tiene una altura de unos 3 metros alcanzando en algunos sitios una elevación bastante mayor, sus formas son muy llamativas, e iluminadas realmente invitan a evadir la imaginación. Hace bastantes años existía un embarcadero al cual llegaban los obreros que residían en la otra orilla y un pozo minero para su descenso hoy desmoronado pero todavía visible su abertura. En la gruta hay mucha humedad y el aire está cargadísimo, lo cual nos hace imaginar la penosidad del trabajo minero.

Regresamos al caer la tarde, se oían ya a las primeras aves nocturnas, siguiendo el sendero que sale del pueblo y por el cual descendimos, lástima que no nos diera tiempo dar un paseo para conocer el pueblo pues se veía muy conservado y acogedor.